Definitivamente como cristianos tenemos un impacto potencial en la política por medio de la oración, nuestro voto, de ocupar cargos públicos, de protestar en manifestaciones públicas, y por medio de actos de denuncia. Los políticos saben bien esto, por eso, como parte de sus estrategias de campañas, usualmente incluyen las visitas y alianzas con iglesias para persuadir su voto.
Y sin embargo, el impacto del cristiano sigue sigue siendo muy incipiente, lo cual se evidencía por los resultados: la corrupción y el ocultismo en el gobierno van en aumento, las legislaciones y políticas se han tornado a favor del aborto, de la ideología de género y de la erosión de derechos y libertades de individuos e iglesias. Tan crítica es la situación de hoy en día que el Lic Aarón Lara suele comentar que “estamos entrando en lo más oscuro de la noche”.
¿Las razones por las que pasa esto? Son básicamente tres: lo polémico del tema, la ingenuidad de la iglesia y su ignorancia.
Lo polémico del tema
Por ser un tema polémico es muy poco hablado o estudiado a la luz de la Biblia dentro de la iglesia, pues se corre el riesgo a que congregantes dejen de asistir y a que haya una merma económica. También está el riesgo a que se hable mal del pastor y así sea afectada su reputación, y/o que el pastor reciba represalias de parte del gobierno.
La ingenuidad de la iglesia
Nuestra ingenuidad se manifiesta con la creencia de que basta con que solo oremos por las personas en gobierno para lograr un cambio, y no nos preguntamos “¿cómo esperamos que gente de las tinieblas traiga luz a la política?” Si eso no es posible, ¿por qué no preparamos a nuestros congregantes para que sean ellos los que impacten la política? Lo ingenuo también se manifiesta en creer que basta en que cristianos entren en la política, cuando en realidad se les tiene que dar una formación política cristiana (bíblica). Claro, tienen que ser intachables y tener una fuerte conexión con Dios, pero también tienen que conocer los principios y diseños de Dios para dicha área de la vida.
La ignorancia en cuanto al tema
Con respecto a la ignorancia, tenemos el grave problema de que no sabemos lo que Dios marca en su palabra en cuanto al propósito para el gobierno, la forma que éste debe de tomar, qué sistema económico debe adoptar y cómo debe de llevarse a cabo la gestión y la implementación de políticas públicas. Para una familia sabemos que es inmoral que los padres utilicen a los hijos como peones de trabajo para vivir de ellos, fallaría al propósito de Dios y se volvería inmoral; sabemos también que debe ser conformada por la unión de padres heterosexuales, implementar un diseño homoparental sería inmoral; y sabemos que los esposo no deben llevar a cabo su funciones golpeándose o abusándose el uno al otro, ni gastando más allá de sus medios. Lo mismo pasa con el gobierno, fallarle a propósito a la forma y a la forma de ejecutarse, sería inmoral. Por la complejidad de aspectos que conlleva la familia, como cristianos celebramos seminarios y cursos, pero no hacemos nada de ello para el tema de gobierno. Dejamos así que la ignorancia impere, y por dicha ignorancia la política entre cristianos se ha convertido en una discusión de opiniones y gustos, pues cuando no se sabe lo que Dios habla al respecto, la opinión del hombre es lo único que queda.
Sin embargo no estamos en ceros, tenemos a la Biblia que habla mucho del tema, y tenemos también de nuestro lado a pensadores cristianos desde el tiempo de la reforma que ya han escudriñado el tema y han esbozado para nosotros los principios y diseños que Dios ha marcado para la política. Podemos tomar mano de dichos recursos. Los países protestantes lo han hecho y por eso históricamente sus gobiernos han florecido con una fuerte influencia cristiana. Latinoamérica, sin embargo, apenas se está alertando de dicha herencia cristiana. No tenemos que hallar el hilo negro, podemos construir sobre lo que otros han ya construido para cumplir con nuestro llamado de ser luz y sal en el gobierno. Como pastores tenemos la responsabilidad de preparar a los creyentes para que lleven a cabo su ministerio, el cual puede ser dentro de la política. Cumplamos con dicha responsabilidad.